*Agua Niagara, la manzana de la discordia entre el discurso y el poder
Soyaniquilpan, Edoméx.- En política, la memoria suele ser selectiva, lo que ayer se cuestionaba con firmeza, hoy puede terminar convertido en motivo de reconocimiento público. Y en Soyaniquilpan, el presidente municipal Ulises Montiel parece encontrarse justamente frente a una de esas contradicciones que difícilmente pasan desapercibidas.
En administraciones anteriores, Montiel Artega fue uno de los críticos de la planta embotelladora de Niagara Bottling, que se instaló en el municipio desde el 2019, una de las instalaciones industriales más grandes del país para la producción de bebidas y envases reciclables y a la cual señaló por la explotación de los mantos acuíferos del municipio. En aquellos momentos advertía sobre el riesgo de que la extracción de agua pudiera dejar sin el vital líquido a los habitantes de Soyaniquilpan.
El discurso se mantuvo incluso durante la campaña electoral, entre sus planteamientos estuvo la intención de cancelar los permisos para que la empresa continuara trabajando en territorio municipal, bajo el argumento de proteger los recursos naturales y, particularmente, el agua de los soyaniquilpenses.
Pero los tiempos cambian y, aparentemente, también las posturas; este fin de semana, durante la inauguración del nuevo Boulevard Soyaniquilpan-Jilotepec, el alcalde agradeció públicamente la participación y el apoyo de la empresa para hacer posible una obra de esta magnitud.
La escena inevitablemente genera preguntas ¿Cómo pasó Agua Niagara de ser señalada como una amenaza para los mantos acuíferos y el abasto de los habitantes, a convertirse en una empresa cuyo respaldo es reconocido públicamente por el gobierno municipal?
¿Cambió la situación de los mantos acuíferos? ¿Se modificaron los permisos? ¿Existen nuevos estudios que permitan sostener una postura diferente? ¿O simplemente cambió la relación entre el gobierno municipal y la empresa?
No se trata de cuestionar que la iniciativa privada participe en obras de beneficio social, tampoco de negar que la colaboración entre empresas y gobiernos pueda generar resultados positivos, el asunto es la congruencia entre el discurso político y las decisiones de gobierno.
Si las circunstancias cambiaron, los ciudadanos merecen conocer las razones, si existen nuevos estudios, deben hacerse públicos y si se establecieron acuerdos con la empresa, sería importante conocer sus alcances y las garantías para proteger el agua del municipio.
Porque rectificar una postura no es necesariamente un problema, los gobiernos pueden cambiar de opinión cuando existen nuevos elementos, lo que resulta cuestionable es que ese cambio ocurra sin una explicación clara a quienes votaron escuchando un discurso distinto, porque en política se puede cambiar de postura; lo que no debería cambiar es la obligación de rendir cuentas y explicar a los ciudadanos por qué.
