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Artículo.- Por dignidad, Daniel Ortega debe dejar el poder en Nicaragua para dar paso a la verdadera democracia

*Él y sus esbirros tratan de confundir a la opinión pública, echándole la culpa a EEUU

Por Raúl MARCELINO VICTORIA

Permítaseme en esta ocasión abordar un tema de carácter internacional: Nicaragua actual. En 1977 estudiaba yo la preparatoria en la escuela privada de Toluca “Ignacio Manuel Altamirano”, creada por el entonces funcionario universitario León Infante y María Eugenia Espinoza Espinoza, otrora directora de la Facultad de sicología de la UAEM (ambos q.e.p.d).

Me gustaba ser sindicalista, por eso apoyé al Sindicato Único del Personal Académico al Servicio de la Universidad Autónoma del Estado de México (SUPAUAEM), primero en su género en aquella época junto con el Sindicato Independiente de Trabajadores al Servicio de la UAEM (SITUAEM), quienes luchaban por reivindicaciones laborales.

Fue así como conocí a alumnas y alumnos nicaragüenses que por la convulsión económica, política y social de su país tuvieron que huir junto con sus padres y hermanos, para radicar en Toluca, donde un grupo de mexiquenses fundamos el Comité de Solidaridad con el Pueblo Nicaragüense, hasta en cierta ocasión realizamos una marcha de apoyo al pueblo centroamericano que padecía las atrocidades del régimen de Anastasio Somoza Debayle.

El dictador ya mencionado ordenaba rociar con napalm –químico que genera llamas- los campos de cultivo, mandaba a envenenar los arroyos para que la gente se muriera en masa y de esta manera atemorizar y seguirse perpetuando en el poder que le permitía explotar a la población.

Desde 1961 Somoza comenzó a enfrentar los opositores a su régimen por el surgimiento del Frente Sandinista de Reconstrucción Nacional (FSLN), que inició su lucha armada en contra de la dictadura en 1962 inspirándose en las causas César Augusto Sandino (revolucionario que exigía respeto a los derechos más elementales de las personas, por lo que luchaba en contra del dictador Anastasio “Tacho” Somoza García, quien gobernó de 1933 a 1956).

Las actitudes del mal gobernante que era protegido por la llamada Guarda Nacional, que fue vencida por el sandinismo el 19 de julio de 1979, ocasionaron en mi furia. Por eso acepté ser parte del Comité de Solidaridad con el Pueblo Nicaragüense, asesorado por el poeta nica Hernán Bravo. En la prepa vendía libros, posters, souvenirs, pedía alimentos, medicamentos, zapatos y ropa para enviar a la población de Nicaragua.

Había fallecido mi madre. Estaba destrozado en mis sentimientos. Por ello quería ir al frente, a luchar con el FSLN: Morir por un ideal era más digno que el suicidio. No se me hizo ir allá. Me conformé con seguir buscando ayuda para la ciudadanía hermana en desgracia, lo que me levantó el ánimo de seguir adelante.

Cuando triunfó la revolución sandinista me dio mucho gusto. Hice ese triunfo mío. Después de todo, de alguna manera colaboré, como reza un verso de Ernesto Cardenal que más o menos dice que fue un triunfo de todos. De los que pisaron las alfombras de los palacios de gobernantes en el mundo para pedir el apoyo y el desconocimiento a la dictadura; quienes estuvieron participando en las guerrillas urbanas y de la montaña; quienes hicieron lo que yo. Termina diciendo que fue como un viaje a la luna. “¡Y lo hicimos!”.

Pero con los últimos acontecimientos en Nicaragua, donde gobierna el tirano Daniel Ortega Saavedra, quien ya se reeligió en dos veces y se dio el lujo de nombrar a su esposa Rosario Murillo Vicepresidenta, vuelvo a enfurecer. No me gustan las dictaduras porque no respetan la democracia, porque los tiranos se enriquecen a sí mismos y salpican de dinero y poder a unos cuantos, a sus más allegados sin importarles que millones vivan en pobreza extrema.

Como lamento que el FSLN y los caudillos hayan fallado a un proyecto democrático que todo el mundo pensaba se convertiría en un nuevo socialismo en América Latina. Nicaragua volvió a caer en la dictadura, donde Daniel y su familia son propietarios de todo, incluidos los medios de comunicación como son las radios y las televisoras.

Cínicamente el secretario de Relaciones Exteriores de Nicaragua, Jacinto Suárez ha manifestado a la prensa internacional que las mega manifestaciones de repudio a Daniel Ortega son una conspiración de Estados Unidos de Norteamérica, si este país no estuviera en statu quo, si no hubiera enriquecimiento ilícito del gobierno, si no reprimieran a las juventudes, si no asesinaran a los manifestantes, se le podía creer a ese señor.

En mi transición de adolescente a joven estudié las dictaduras latinoamericanas y me di cuenta que el vecino país del norte se entrometía en los países para proteger los intereses de sus connacionales y de los dueños del dinero; para lograr sus objetivos de dominio, efectivamente invertían grandes fortunas y compraban altos mandos militares ofreciéndoles poder y riqueza duradera. Este no es el caso, ¿a quién quiere tomarle el pelo ese tal Jacinto? Por dignidad, Daniel Ortega debe dejar el poder en Nicaragua para dar paso a la verdadera democracia.

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