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Artículo.- El comercio popular y los tianguis, una tradición que perdura a pesar de los embates capitalistas

Una organización de Toluca trabaja una iniciativa de ley para que las autoridades reconozcan legalmente a mencionado sector

A pesar de las nuevas formas de comercialización de diversos productos de primera y segunda necesidad: las tiendas de autoservicio, los Oxxo, los Garis, Zorro, Waldos, las farmacias Guadalajara, etcétera, donde se manejan cuantiosos capitales, aún subsiste el comercio popular y los tianguis a donde la población acude a hacer sus compras para ahorrarse unos cuantos pesos que les pueden servir para cubrir varias necesidades del hogar.

El comercio popular y los tianguis han sobrevivido y sobresalido entre las diversas clases sociales en todos los países del mundo. Nuestra querida perla mexicana no es la excepción. Al llegar los españoles conquistadores con Hernán Cortés, se encontraron que en Tlatelolco, perteneciente a Teotihuacán, más de 60 mil personas se congregaban para adquirir varios artículos con los cuales pudieran cubrir sus necesidades más apremiantes.

La comercialización se llevaba a cabo mediante la técnica del trueque (tequio, ipalnemohuan), caracterizada por el intercambio de los productos exhibidos por los comerciantes; es decir, no había moneda para comprar. Y así fueron felices los habitantes que practicaban esta costumbre por muchos años.

Con el paso del tiempo surgió la moneda, utilizando el cacao u otros granos; mantas o hachas hechas de cobre. La gente seguía siendo alegre, pues no había por que discutir al utilizar productos tan naturales, proporcionados por la madre tierra, la Pacha Mamá.

La llegada de los occidentales que impusieron su cultura basada en el valor de metales preciosos como el oro, la plata y los brillantes, impuso otro panorama comercial; comienzan a surgir las tiendas de raya que no fueron más que un instrumento de control masivo, para mantener sometida a la población a la que le explotaban su fuerza de trabajo a cambio de poco.

Pese a ello, los tianguis “lugares de reunión”, siguieron y siguen existiendo aun cuando para la compra-venta se utiliza el metal y el papel moneda, cultura, como ya se dijo, inculcada por los occidentales provenientes del continente Europeo primero, luego de los países árabes que hoy día tienen mucha presencia comercial.

Un estudio de la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Amalia Attolini Lecón revela que hoy día existen tianguis de corte prehispánico, casos concretos los de: Cuetzalan, en Puebla; Santiago Tianguistenco y Otumba, en el Estado de México; Tenejapa y San Juan Chamula, en Chiapas; Chilapa, en Guerrero; Zacualpan de Amilpas, en Morelos y en Ixmiquilpan, Hidalgo.

Los dueños del capital en contubernio con autoridades de los tres niveles de gobierno, en aras de impulsar la modernidad, impulsan cadenas de comerciales que hacen uso de los sistemas de mediatización a su alcance económico (radio, televisión, prensa escrita) son privilegiados, incluso desde el punto de vista de la normatividad.

En este sentido, se les dan todas las facilidades como no pagar consumo de energía eléctrica, de agua; construcción de calles pavimentadas, con todos los servicios incluidos, estímulos fiscales si contratan adultos mayores. En el caso de la explotación de las niñas y niños, no hay incentivos fiscales, aunque si se exige el permiso por escrito de los padres de familia y de las autoridades laborales.

Es decir, para las autoridades, el comercio popular y los tianguis no existes, ni siquiera hay estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) con relación al número de comerciantes que trabaja de esta manera (comercio fijo, semi-fijo, ambulatorio o ambulante como le llaman de manera despectiva los capitalistas para confundir a la población con respecto a la apreciación de las personas).

Por ello, una organización de Toluca trabaja una iniciativa de Ley para el reconocimiento pleno del comercio popular, así como de los tianguis, a efecto de que haya derechos y obligaciones tanto de parte de los vendedores como de las autoridades, evitando actos de corrupción, operativos violentos y desalojos sin sentido; privilegiando el diálogo entre las partes involucradas cuando se trate de alguna reubicación necesaria, mediante el establecimiento de mesas de trabajo bilaterales para discutir propuestas, predios privados o de uso común.

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