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Luis Zamora Calzada

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INDIFERENCIA NORMALISTA

Algunos sectores sociales, a partir de los lamentables hechos de la muerte y desaparición de estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, este fin de semana, ocurrieron reacciones inentendibles por su significado asociado a la criminalización.

 

En Toluca, Ixtapan de Sal, Tonatico, Coatepec Harinas, entre otros municipios, corrió entre los comerciantes la voz: “ahí vienen los normalista”, muchos cerraron sus negocios para evitar supuestos saqueos que construyeron en su imaginario, vinculando la imagen del estudiante normalista al de sujetos peligrosos, delincuentes, entre otros.

 

Se asegura que en Coatepec Harinas, las reacciones de mucha gente fue apersonarse en el inmueble de la presidencia municipal, para defenderlo de los “normalistas” que provocarían desmanes; según las narraciones recogidas, se reflejaba enojo en la gente reunida, dispuestos a responder con violencia contra los estudiantes que jamás llegaron.

 

No puede pasar desapercibido que en nuestra entidad funcionan treinta y seis Normales estatales y la Normal rural de Tenería, ubicada en Tenancingo, que por razones naturales han suspendido labores en apoyo a los alumnos de Ayotzinapa, mientras que de las estatales no ha existido manifestación alguna, como la solidaridad expresada de otras instituciones educativas del Estado de México.

 

La indiferencia que se percibe de los normalistas estatales es preocupante, algunos docentes de este nivel educativo aseguran que mientras no haya un orden de “arriba”, ellos no pueden emprender acción alguna.

 

Suponiendo sin conceder, que la solidaridad requiera de “permiso de los de arriba” para manifestarlo, que tipo de futuro maestro se está formando en estas escuelas, parece increíble de ser cierto el comentario, pero es a todas luces que la sensibilidad inherente a los lamentables hechos ha generado la solidaridad nacional e internacional, sin ser explicable desde cualquier razonamiento, que en las instituciones formadoras de docentes estatales, pueda ordenarse que pase desapercibido a pesar de que los afectados son hermanos de profesión.

 

Lo anterior explica en parte, respecto a los miedos inducidos en los profesores, provenientes de su probable formación, que se superará con información, tal y como aseguro un docente: “a los maestros nos tendrán miedo cuando sepan que no tenemos miedo, pero para ello tenemos que leer, por el bien de nuestros alumnos”. Usted que piensa amable lector.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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